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jueves, 16 de noviembre de 2017

Centenario de Diario de un poeta recién casado




Es razonable que, en esta primera entrada en el blog, me haya decantado por hacer una aproximación de la obra juanramoniana Diario de un poeta recién casado, en el primer centenario de su publicación, (1917- 2017).
Estamos ante una obra maestra de un maestro que consagró definitivamente al nobel de Moguer. En Diario se marca una forma nueva de hacer literatura, de tal forma, que seguir escribiendo como antes quedaría obsoleto. Supo mezclar la prosa y el verso con gran maestría, incorpora el verso libre, y plantea una itinerancia física y espiritual a lo largo del océano Atlántico, desde Cádiz a Nueva York en donde tiene una cita con Zenobia para casarse.
Se incorpora a la vuelta a España, y supo introducir a los lectores en el oleaje de sus CCXLIII poemas en verso y en prosa, en los que hace una invitación a vivir la experiencia de la travesía y los descubrimientos personales que el viaje supuso.
Es una obra poliédrica, con muchos ángulos de visión, que solo desde la lectura integra del poemario se van desvelando. El poeta, junto al descubrimiento de las mil caras del mar, se fue descubriendo a sí mismo: es uno antes del viaje y otro después; lo que dio lugar a un nuevo Juan Ramón, en lo personal y en lo poético.
A decir del poeta: “Es mi mejor libro. Me lo trajeron unidos el amor, la alta mar, el alto cielo, el verso libre, las Américas distintas, y mi largo recorrido anterior. Es un punto de partida…". Es de las primeras obras que plasma la imagen de Nueva York, obra clave también en el arte del retrato, en el desarrollo de la mirada humana, y la escritura de una ciudad. Nos acerca al paisaje y a las personas como nunca se había logrado, por lo que inaugura una nueva modernidad.
El viaje supuso para él un transitar desde Moguer a los rascacielos de Manhattan, lo que fue una experiencia sin precedentes. Pero su hondón, su vida íntima, la búsqueda constante de la naturaleza, no cambio en nada. En Diario le cupo todo: Andalucía, el mar como compañero intimo interlocutor constante, el nuevo paisaje y Moguer siempre en su recuerdo, a donde vuelve renovado por la experiencia.
Y para terminar señalamos lo que el mismo dice en el prólogo de Diario.” …En este álbum de poeta copié, en leves notas, unas veces con color solo, otras solo con pensamiento, otras con luz sola, siempre frenético de emoción…”.
Esta obra marcó un hito en las letras hispanas y sigue siendo paradigmática en el arte de escribir con excelencia.

Rosario Paniagua Fernández.


sábado, 4 de noviembre de 2017

Conferencia de Juana Sánchez-Gey

La Presidenta y la Junta Directiva de la Casa de Castilla-La Mancha en Madrid

Tienen el gusto de invitarle, dentro del Aula de Pensamiento “Antonio Rodríguez Huéscar”, a la conferencia que bajo el título: Los jugos y los proverbios, reflexión sapiencial en José Manuel Sánchez-Gey y Fernando Rielo”, pronunciará la Dra. Juana Sánchez-Gey Venegas Profesora Titular de Filosofía de la UAM.

Preside: Dr. Ciriaco Morón Arroyo, Director del Aula.


Día 10 de noviembre de 2017, a las 19:00 horas.
C/ Paz, núm. 4 – 1º  -   28012 MADRID
Telf.: 91-522-72-78
      Salón de Actos.


viernes, 3 de noviembre de 2017

La filosofía como medicina del alma

Fuente



El quehacer filosófico nos remite siempre a la pregunta ¿qué se entiende por filosofía? Lo que reflexionamos hoy forma parte de nuestras experiencias de vida. La filosofía que brota de estas breves líneas son producto de nuestras reflexiones sobre lo que nos ha tocado vivir, sobre el dolor que esto ha significado. Sostengo, además, que en dichas reflexiones encontramos una de las más grandes fortalezas que nos dona el quehacer filosófico, a saber, que lo que sea filosofía nunca será un saber muerto, todo lo contrario, siempre ha de ser un saber vivo que nos interpele y que nos ayude a comprendernos y a fortalecernos en la vida, afirmándonos.
El pasado 20 de octubre asistí en calidad de ponente, vía Skype, al I Congreso de Dios en la Literatura Contemporánea, Madrid, 19-21 de octubre de 2017.Excelente experiencia académica y un trato muy humano entre todos los profesores participantes. Agradezco la oportunidad que me brindó el Comité organizador del Congreso de poder participar y este artículo son unas reflexiones a posteriori (1).
En nuestra intervención en dicho Congreso partimos de la filosofía griega como “amor a la sabiduría” para comprender las realidades inhóspitas que un mundo –más de las veces hostil- nos entrega para ser encaradas y resueltas en favor de lo humano. Mi aporte lo elaboré a partir de una interpretación que realicé de la primera obra de teatro de Sartre: Barioná, el hijo del trueno (2). Las páginas de esta obra proponen la ocasión de reconsiderar el papel de Cristo en la historia de los hombres concretos, el lugar del amor en las relaciones por encima de las convenciones, el compromiso existencial que tenemos como mujeres y hombres de apostar por la esperanza, aunque vivamos rodeados de vicisitudes que pretenden negar de factola alteridad.

La filosofía como medicina del alma




https://goo.gl/Pao7X2

De la lectura de Barioná, el hijo del trueno lo que más me enriqueció fue constatar cómo Sartre alimenta la reflexión filosófica en tanto “medicina del alma” (inspirado, quizás, en Cicerón) gracias a la cual, se pueden y deben curar nuestras almas enfermas de desesperanza, dolor y tristeza por el mundo socialmente injusto en el que vivimos. El autor francés apuesta a que somos capaces de ejercer y vivir nuestra libertad y nuestra relación con el otro desde una voluntad de sanación, no desde la punición ni de la ira, a pesar de los muchos dolores e injusticias que nos toca afrontar diariamente. Afirma que si bien es cierto que el mundo es una caída interminable en donde nadie sale victorioso, no debemos resignarnos a dicha caída, podemos decidir enfrentarla y tomar libres acciones que pongan fin al sufrimiento humano. 
A través de sus páginas, Sartre va delineando así su lectura de la Natividad: aceptar el amor del Nacimiento de Jesús es elegir luchar por un mundo más humano. El Nacimiento del Niño será, a pesar de los sufrimientos que le esperan, una apuesta por un nuevo despertar; es una nueva oportunidad de esperanza que nos otorgamos de ser entre nosotros humanos y de no estar solos aquí los unos contra los otros. Lo novedoso de esta obra de teatro respecto de El ser y la nada es el tratamiento que Sartre realiza en su recorrido al sufrimiento que padecemos por nuestra condición humana.

La desesperanza viene cuando apostamos por el dolor en el mundo

Ahora bien, concluyo de la lectura de Barioná que, a la luz de Sartre pero no limitándonos a él, optamos por la desesperanza en el mundo cuando miramos nuestras experiencias dolorosas como si fueran las únicas y nos volvemos incapaces de sentir el dolor del otro, cuando nos miramos al ombligo con una mirada carente y rencorosa desdibujando al prójimo, cuando nos encerramos en el presente con el ceño fruncido hurgando en nuestras heridassin la más mínima pretensión de sanarlas cultivando, así, valores del resentimiento que nos convierten en “tísicos del alma”, palabras prestadas de Nietzsche.
Se trata, entonces, de cómo enfrentemos el sufrimiento: de aceptar que forma parte de nuestra condición humana como la dicha y que éste puede hacernos mejores personas, en la medida en la cual, nos sensibiliza frente al padecimiento del otro y buscamos –irremediablemente y sin excusas- la superación del dolor, tanto del prójimo como de nosotros mismos. Gracias a lo anterior, podemos incidir con mayor firmeza en la vida de nuestros semejantes, edificando esperanza en el mundo porque contribuimos a disminuir el dolor social y existencial propio y de nuestros semejantes.
Sin embargo, de la lectura de Barioná y más allá de la misma se desprende también que, podemos elegir el camino de la crueldad al regodearnos en nuestros dolores, negando al otro porque sólo nos importa nuestro sufrirculpabilizándolo de nuestros pesares, sin otorgarnos ninguna posibilidad de sanación existencial.Quiere esto decir que somos libres, entonces, de darle un significado a nuestro dolor que sea o constructivo o destructivo para las relaciones humanas y para nosotros mismos. Y he allí en donde hace irrupción la pregunta filosófica como “medicina del alma”: ¿por qué he de optar por la desesperanza, por la negación del otro en vez de optar por la sanación y construcción de Humanidad?

La apuesta constructiva por cultivar la esperanza en el mundo

He sostenido que el sufrimiento nos puede convertir en personas más sensibles frente a los dolores humanos que requieren de todo nuestro ser solidario, amor y hermandad para erradicarlo. Podemos, entonces, decidir que el sufrimiento sea constructivo al proponernos superarlo, poniéndonos en el lugar del otro y otorgarnos, así, una nueva oportunidad de vivir plenamente junto con los otros. Se trata de tener esperanzas en el porvenir y de apostar por la dicha de la vida: apostar, siempre, por la esperanza de construir mañana como el que nos otorga el Nacimiento de Jesús en Barioná, a pesar de los sufrimientos que le esperan. A fin de cuentas es cultivar, presente y futuro, para los seres que amamos, para nosotros mismos y para la Humanidad.


https://goo.gl/ozWxAM

Estamos frente a una filosofía existencial personalista en la que el sujeto del conocimiento es el trayecto de la persona humana y sus convicciones que permitirán, posteriormente, humanizar o deshumanizar el mundo. El quehacer filosófico como “medicina del alma” me ha permitido, junto con el amor solidario de todos los que me rodean, cultivar y transitar el trayecto de la humanización del mundo, sin duda alguna.
Finalmente, en mi interpretación de las últimas páginas de Barioná como en la vida misma, he decidido apostar por el sentido del reencuentro con lo humano, por la esperanza y por la dicha de cultivar Humanidad en cada una de mis acciones.
Mi labor educativa está orientada a otorgar dichas herramientas filosóficas terapéuticas -de “medicina del alma”- en cada uno de los contenidos que me toca compartir con mis estudiantes. Y esa es mi más humilde invitación con este escrito: que entre todos construyamos un mundo con mayor Humanidad porque estamos definitivamente empeñados en sanar nuestras heridas sociales al promover -concretamente y con acciones- esperanza social para los sectores más vulnerables de nuestra sociedad y para nosotros mismos.
Muchas gracias por su gentil lectura. Hasta la próxima entrega.

Referencias bibliográficas:
(1)http://diosenlaliteraturacontemporanea.blogspot.com/2017/04/i-congreso-dios-en-la-literatura.html
(2) SARTRE, Jean-Paul; Barioná el hijo del trueno, Madrid, Voz de Papel, 2006.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

martes, 31 de octubre de 2017

No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso.

Toda obra humana es deleznable, afirma Carlyle, pero su ejecución no lo es. (...)
Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso. 
Los conjurados. Prólogo. Jorge Luis Borges, 9 de enero de 1985


Pablo Rodríguez-Osorio lee poemas en un acto en homenaje a San Juan de Ávila


 Pablo Rodríguez-Osorio, profesor titular de Filología Francesa de la Universidad de Castilla-La Mancha y miembro del comité científico del Congreso Dios en la Literatura Contemporánea ha participado en un acto en homenaje a San Juan de Ávila leyendo algunos de sus muchos poemas de tema religioso. Desde el proyecto le felicitamos por ello.




He aquí los sonetos:



        YA ESTÁS EN EL SITIAL

Ya estás en el sitial de los doctores,
de aquellos grandes santos que escribieron
sobre asuntos de Dios y se sintieron
de su palabra y obra servidores.

Humilde y docto Juan, pues tus amores
Creador y Criatura siempre fueron
juntamente los dos te descubrieron
cuán dulces del Amor son los sabores.

Amaste con pasión y amaste tanto
que de Amor te nutriste, dulce santo.
¡Viviste tan sencillo, con tan poco!

De solo Amor es fruto tu escritura:
al hombre, a quien quisiste con locura,
a Dios, a quien quisiste como un loco.
       


     DULCEMENTE AL AMOR

Dulcemente al amor la cruz me llama
y al pleno amor me invita la figura
clavada sobre ella, la dulzura
del Amor que, sufriendo, amor reclama.

Está clavada en ella porque me ama
como se ama al amado, sin mesura,
con una gran pasión hecha locura
que quema mis entrañas con su flama.

Mirándote, Señor, todo me invita
al amor hacia ti, en la madera
colgado por mi amor; si yo te amara

como me amas Tú a mi… Que sea maldita
mi mano y que mi lengua, toda, entera,
se pegue al paladar si te olvidara.

                  
          POR EL AMOR A DIOS

Por el amor a Dios al hombre amaste,
y sentiste al hacerlo que encendida
por ascuas de su amor quedó tu vida
y en su amoroso fuego te abrasaste.

Te diste enteramente, te entregaste
de tal manera a Él que malherida
quedó tu intensa llama, consumida
por tanto amor que al hombre dispensaste.

Bendito y pobre Juan. ¡Qué pequeñuelo
te hiciste ante los tuyos! Tu pobreza
enriqueció tu vida luminosa.

Tu llama sigue siendo un gran consuelo
porque si acecha al alma la tristeza
presta está a iluminarla, generosa.



                      MAESTRO EN LA HUMILDAD

Maestro en la humildad, todo tu empeño
en ser pobre y sencillo lo has logrado;
no queriendo ser nada has indicado
el camino hacia Dios siendo pequeño.

Pues siendo tú su siervo y Él tu dueño
a alabarlo en tus obras te has prestado,
y con tu vida santa has demostrado
que la nuestra sin Dios es sólo un sueño.

Tu doctrina ejemplar, tu magisterio,
almodoveño ilustre, han distinguido
tu sien con el laurel de la victoria.

Tus libros, tu oración, tu ministerio
de maestro a doctor te han ascendido:
eres de España y de la Iglesia gloria.

                  

            Pablo Rodríguez-Osorio

lunes, 30 de octubre de 2017

Esbozo de una fenomenología de la presencia de Dios en la literatura contemporánea


 En la tertulia del Ganivet del pasado 28 de octubre (tertulia mensual en el Hotel Ganivet abierta a cualquier persona interesada en las letras y las artes) se planteó un esbozo de la fenomenología de la presencia de Dios en la literatura contemporánea a partir del reciente congreso celebrado en Madrid (19-21 de octubre). A continuación ofrecemos el esquema de ese esbozo, que es provisional y se ofrece como documento para el debate.


Esbozo de una fenomenología de la presencia de Dios en la literatura contemporánea
Dios puede ser negado, dudado, aceptado, creído, adorado… Y todas esas actitudes, todas esas posibles relaciones entre el hombre y Dios se hacen presentes en la literatura. No solo se hacen presentes: la literatura es un escenario privilegiado para contemplarlas. Porque la literatura es voz y palabra escrita. Palabra indicadora, persuasiva, convulsiva, envolvente.  La literatura, que posee sus máscaras, es sin embargo más libre que el discurso académico. Los autores escribiendo en primera persona, en tercera, en el desdoblamiento dramático, en verso o en prosa, gozan más libertad para decir lo que quieren decir. No es, por tanto, que la literatura sea un espacio donde también pueda contemplarse las relaciones del hombre con Dios, entre sí y con el mundo, sino que, probablemente sea el espacio privilegiado para hacerlo.

Ateísmo, agnosticismo, teísmo: rechazo y búsqueda
Ateísmo
Miguel Ángel López Muñoz Dios en la poesía teológica-política de Xosé María Álvarez Cáccamo.
Filosofía inmanente
Antonio Barnés: Lo divino en la poesía de Borges.
Iconoclasia
Alexandra Bazhenova-Sorokina: Iconoclasia en la obra de Alan Moore y Philip Pullman: Dios cruel o impotente. 
Juan Agustín Mancebo  Houllebecq: Dios.
Inmanencia romántica
Miguel Alarcos: Dios como presencia o como trasfondo en el Cántico poético de Jorge Guillén".
Rosario Paniagua Fernández Dios en Juan Ramón Jiménez.
Sergio Navarro Ramírez Un dios perdido: contemplación y exilio en la poesía de Claudio Rodríguez.
María Antonia García de León El yo conquistado (una épica existencial)
Deus absconditus. Simbolismo.
Francisco J. Palenzuela: "Simbolismo y nostalgia de Dios en El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry.

Realidad virtual y trascendencia
Santiago Sevilla: La realidad virtual y la creencia en la trascendencia en Philip K. Dick.

Inspiración, creación literaria, lenguaje
Inspiración
Javier García Gibert: El 'sembrador de estrellas' que soñó Antonio Machado". 
Personajes
Federica Bergamino: "Dostoevsky y el Dios escondido".
La lengua de Dios
Izara Batres: Sublimación del dolor y comprensión de Dios a través de la poesía.
Aforismo
Twitter: ¿Una nueva era del proverbio?

Literatura y mal:
Francisco García Jurado: "Joan Perucho y la dama Egeria: Dios, la belleza y el misterio del mundo".

Literatura y evangelio
Angelo Valastro: “A veces Dios mata a los amantes”: la lírica de Alda Merini.
María Fernanda Guevara-Riera: "El misterio de la Navidad en Barioná, hijo del trueno de Jean-Paul Sartre".
Ignacio Roldán: ...porque por fin, Amado Mío, / te has entregado para siempre en mí. La locura del amor divino en la poesía de José Luis Appleyard.
Gabriel Insausti: Los poemas navideños de Joseph Brodshy.

Literatura y conversión
            Conversión súbita:
José María Contreras Espuny Las particularidades genéricas y narrativas de los testimonios autógrafos de conversión súbita (Paul Claudel, Manuel García Morente y André Frossard). /
            Conversión gradual
                        Chesterton
José Ignacio Peláez Un análisis del epistolario Elena Fortún-Carmen Laforet (1947-1952). De la amistad literaria a la amistad espiritual: una conversación sobre Dios.
                        Ángeles Varela: La mujer nueva y la nueva Carmen Laforet.

Literatura y oración
Gerardo Diego

Poesía religiosa y mística
Beatriz Villacañas: Cuando el Amor se oculta y se revela: Dios en la poesía de Juan Antonio Villacañas.
Isabel Díez: Revelaciones líricas (Epístolas).
Pablo Rodríguez-Osorio: Loando a Dios con rimas y con versos. 
Fernando Arredondo Dios en la poesía de Joaquín Antonio Peñalosa y en las mujeres mexicanas de la mitad del siglo XX. /

Literatura y liturgia católica

José Manuel Albujer Pérez Autores contemporáneos en la liturgia de la Iglesia Católica.

viernes, 27 de octubre de 2017

La idea atea por excelencia es la idea de progreso, que es la negación de la prueba ontológica experimental, puesto que implica que lo mediocre puede producir por sí mismo lo mejor (Simone Weil)


El materialismo ateo es necesariamente revolucionario, ya que para orientarse hacia un bien absoluto aquí abajo hay que emplazarlo en el futuro. Para que el avance sea completo, hay necesidad, pues, de un mediador entre la perfección venidera y el presente. Ese mediador es el jefe: Lenin, etc. Éste es infalible y perfectamente puro. Cuando el mal pasa por él, se vuelve bien.
O bien se es así, o bien se ama a Dios, o bien se queda uno a merced de los pequeños males y los pequeños bienes de la vida cotidiana.
El vínculo que hay entre el progreso y un bajo desarrollo (puesto que lo que una generación puede proseguir en el punto en que la anterior se detiene es necesariamente externo) es un ejemplo del parentesco que existe entre la fuerza y la bajeza.
El gran error de los marxistas y de todo el siglo XIX fue creer que andando, andando, iban a subir por los aires.
La idea atea por excelencia es la idea de progreso, que es la negación de la prueba ontológica experimental, puesto que implica que lo mediocre puede producir por sí mismo lo mejor. Ahora bien, toda la ciencia moderna concurre a la destrucción de la idea de progreso. Darwin destruyó el espejismo de progreso interno que se daba en Lamarck.
La teoría de las mutaciones no deja que persista otra cosa que no sea el azar y la eliminación. La ciencia energética plantea que la energía se degrada y nunca se incrementa, y esto mismo se aplica a la vida vegetal y animal.
La psicología y la sociología no serán científicas sino en la medida en que hagan un uso análogo de esa noción de energía, uso que es incompatible con cualquier idea de progreso, y sólo entonces resplandecerán con la luz de la verdadera fe.



Únicamente lo eterno es invulnerable al tiempo. Para que una obra de arte pueda ser admirada siempre, para que un amor o una amistad puedan durar toda una vida (incluso tal vez mantenerse puros durante un día entero), para que determinada concepción de la condición humana pueda seguir siendo la misma a través de las múltiples experiencias y las vicisitudes de la fortuna es preciso que del otro lado del cielo descienda una inspiración.
Un futuro completamente imposible, como el ideal de los anarquistas españoles, degrada mucho menos y difiere mucho menos de lo eterno que un futuro posible. Ni siquiera llega a degradar, a no ser por el espejismo de su posibilidad, Si está concebido como imposible, entonces lleva a lo eterno.
Lo posible es el lugar de la imaginación, y, por consiguiente, el de la degradación. Hay que querer o bien lo que existe en concreto, o bien lo que no puede existir en absoluto, o mejor ambas cosas, Lo que es y lo que no puede ser están, ambos, fuera del devenir. El pasado es, siempre que la imaginación no se recree en él con ocasión de que algo lo haga nacer en su pureza, tiempo con tintes de eternidad. En él, el sentimiento de la realidad es puro. Ése es el puro gozo. Eso es lo bello, Proust.
Al presente estamos sujetos. El futuro nos lo forjamos en nuestra imaginación.
Sólo el pasado, siempre que no nos lo forjemos nosotros, es realidad pura.
Por su propio curso, el tiempo desgasta y destruye lo que es temporal. De ahí que haya más eternidad en el pasado que en el presente. El valor de la historia bien entendida, análogo al valor del recuerdo de Proust. De tal manera que el pasado nos presenta algo que a la vez es real y mejor que nosotros, y que puede despedirnos hacia arriba, cosa que él futuro no hace jamás.
Pasado: lo real, sí, pero completamente fuera de nuestro alcance, hacia lo que no podemos dar ni un paso, hacia lo que tan sólo podemos orientarnos para que nos llegue una emanación suya. Es, en ese aspecto, la imagen por excelencia de la realidad eterna y sobrenatural. ¿Es por eso por lo que en el recuerdo como tal hay gozo y belleza?
¿De dónde habrá de venimos a nosotros, que hemos ensuciado y vaciado el orbe entero, un renacimiento? Únicamente del pasado, siempre que lo amemos.
Los contrarios. Hoy se sienten ansias o asco del totalitarismo, pero casi todos aman un totalitarismo y odian otro.
¿Hay siempre identidad entre lo que se ama y se odia? ¿Se da siempre la necesidad de amar aquello que se odia bajo otra forma, ya la inversa?
El espejismo constante de la Revolución consiste en creer que si a las víctimas de la fuerza, que son inocentes de las violencias que se producen, se les pone en las manos esa misma fuerza, la utilizarán justamente. Pero con excepción de las almas que se encuentran muy cerca de la santidad, las víctimas están mancilladas por la fuerza como lo están sus verdugos. El mal que se halla en la empuñadura de la espada se transmite a la punta. Y las víctimas, así encumbradas y ebrias por el cambio, acaban haciendo un daño igual o mayor, y pronto vuelven a caer en lo mismo.
El socialismo consiste en poner el bien en los vencidos, y el racismo en ponerlo en los vencedores. Pero el ala revolucionaria del socialismo se sirve de quienes, aunque nacidos abajo, son vencedores por naturaleza y por vocación, de manera que desemboca en la misma ética.
El totalitarismo moderno es al totalitarismo católico del siglo XII lo que el espíritu laico y francmasón al humanismo del Renacimiento. Con cada vaivén, la humanidad se degrada.
¿Hasta dónde llegará?
Después del hundimiento de nuestra civilización, una de dos: ó perecerá por completo, como las civilizaciones antiguas, o se adaptará a un mundo descentralizado.
De nosotros depende, no ya la quiebra del centralismo (pues automáticamente se hace una bola de nieve que acaba en catástrofe), sino la preparación del futuro.
Nuestra época ha destruido la jerarquía interior. ¿Cómo va a dejar que subsista la jerarquía social, que no es más que una imagen grosera de aquélla?
No podrías haber nacido en otra época mejor que ésta, en la que todo se ha perdido.

Simone Weil: La gravedad y la gracia. Del capítulo "La armonía social". 

jueves, 26 de octubre de 2017

Un soneto cerró el I Congreso Internacional "Dios en la literatura contemporánea"

Pablo Rodríguez-Osorio, ponente del I Congreso Internacional "Dios en la literatura contemporánea" escribió un soneto al hilo de una comunicación sobre Juan Ramón Jiménez leída en el congreso. El soneto, inspirado y escrito en el congreso, fue el broche de oro de las tres jornadas del foro, y se leyó justo antes de la clausura.


BUSCASTEIS A DIOS

    (A SAN JUAN DE LA CRUZ Y JUAN RAMÓN JIMÉNEZ)

Buscasteis a Dios, y sus latidos
sentisteis latir en la escritura,
que se hizo melodía y partitura
en vuestros corazones bien-heridos.

En vuestros versos, del amor nacidos,
en la suma pureza, en la más pura,
la tinta está de Dios, que siempre cura
nuestras almas y cuerpos doloridos.

Sois Juan y Juan Ramón pura poesía
que fue, junto con Dios, el solo anhelo,
la esencia celestial de vuestro ser.

Os seguiré leyendo cada día
en el azul del mar, azul de cielo,
azul de Fontiveros, de Moguer.

Pablo Rodríguez-Osorio
                                      20 de octubre de 2017

A modo de exégesis

         La posición de “y sus latidos” permite entenderlo también como objeto de “buscasteis”, lo cual es pertinente, pues el hombre, alma y cuerpo, necesita espíritu para su alma y corazón corporal para su cuerpo. Esto es posible en el cristianismo porque el Verbo se ha hecho carne y la Virgen está en cuerpo y alma en el cielo.
         La metáfora de la escritura como corazón es preciosa por cuanto evidencia que no es solo letra, sino también espíritu. La letra se hace música, nueva magnífica metáfora que recoge la tradición pitagórica y platónica de la armonía universal como melodía, al tiempo que convierte a los lectores-buscadores (San Juan y Juan Ramón) en músicos, que saben leer una partitura a la vez que interpretar un instrumento o, sencillamente, cantar.
         De corazón a corazón, del corazón de Dios (sus latidos) al corazón de los lectores-amadores San Juan y Juan Ramón (en quienes podrían reconocerse también los lectores del soneto). Corazones bien-heridos. La metáfora de la herida de amor es antigua. A veces esa herida es mortal (como la de Dido) ante la huida del amante; otras veces es curable (tal la de la amada del Cántico espiritual, pues se reencuentra con el Amado). De este tipo es la herida del cuarto verso del soneto, de ahí que el poeta escriba bien-heridos.
       La escritura poética nace del amor en un contexto de pureza (eco del Vino primero pura de Juan Ramón). La tinta es de Dios: espléndida metáfora de la inspiración, tan cara a la tradición grecolatina y a la bíblica-cristiana. Es una tinta terapéutica, pues no es otra cosa que la gracia, que sana y eleva la naturaleza humana herida por el pecado. Pecado que inhiere en el alma y el cuerpo, coprincipios esenciales al ser humano.
       Como buen soneto, no desvela sus cartas hasta el final. Y en el primer terceto aparece el nombre de los poetas. De nuevo el “pura”. Dios y poesía, haz y envés del anhelo de los poetas que, al escribir desde sí y para sí escriben para Dios. La poesía es un diálogo del poeta con el Poeta.
       Finalmente el poeta desvela su yo (os seguiré leyendo) y se repite tres veces el adjetivo azul, que aúna, en quiasmo, el mar de Moguer y el cielo de Fontiveros, a un tiempo que se evoca a Dios (el Dios es azul de Juan Ramón) y el azul del Cielo divino. Ese triple azul puede sonar a oídos cristianos un eco de la Trinidad.


Antonio Barnés

Beatriz Villacañas presenta su nuevo poemario

   PRESENTACIÓN

                            
                              LA VOZ QUE ME DESPIERTA
                             BEATRIZ  VILLACAÑAS
                                Ediciones VITRUVIO
      CENTRO RIOJANO DE MADRID. C/ SERRANO, 25
                                  INTERVENDRÁN:
                             CARMEN DE SILVA
                            PABLO MÉNDEZ
                                LA AUTORA

                   Día 2 de noviembre a las 19’30 h.



miércoles, 25 de octubre de 2017

"Leí a Machado y era como si alguien que ya no existía me estuviese hablando al oído"

Fuente

Con lentitud y autenticidad, Cabanillas [miembro del comité científico del congreso Dios en la literatura contemporánea] ha construido una obra poética que canta lo perdido y añorado: la infancia, el campo andaluz y la capacidad de redención del hombre




Manuel Gregorio González lo vio en la playa de Rota, negro como un tizón y el pelo cano revuelto, y lo describió como mitad faquir mitad profeta. En Sevilla, cuando las primeras y escasas lluvias aparecen, José Julio Cabanillas (Granada, 1958) tiene un aire un tanto desnortado, como de hombre de pueblo recién llegado a la capital. Al fin y al cabo, así es como se define, como un poeta que del campo viene y al campo va. Largo como una besana de la campiña, lento contumaz y católico profundo y sentimental, Cabanillas ha ido construyendo una obra poética sin prisas, "golpe a golpe, verso a verso", como indica el mandato del más grande que, a su juicio, ha dado el idioma castellano: don Antonio Machado. Hablar con él en una cafetería del barrio de Los Remedios es abstraerse de un entorno de hormigón y radio fórmula para adentrarse en un mundo donde las palabras vibran, los muertos te hablan al oído y Dios está presente hasta en los más mínimos detalles. Como poeta es autor de los libros 'Las canciones del alba', 'Palabras de demora', 'En lugar del mundo', 'Los que devuelve el mar', 'Después de la noticia', 'Vigilia: Antología poética' y 'Poemas descalzos'. También ha escrito la novela 'Benzelá' y es traductor de Chesterton y G. H. Hopkins.
-Nació en Granada, pero se crió en Torredonjimeno, Jaén, una circunstancia que ha tenido una especial importancia en su obra.
-Yo nací en Granada porque mis padres se tuvieron que ir del pueblo para buscar trabajo. Nací muy canijo y no comía bien, y en el año 58 los niños se llevaban gordos y hermosos. Me mandaron a Torredonjimeno, a la casa de mi abuelo, porque en el campo había aire puro y mejor alimentación. Estuve allí hasta que volví a Granada a hacer el Bachillerato.


-Decían los jesuitas antiguos: "dame los primeros ocho años de una persona y quedaos con todos los demás".
-Exactamente. Cuando se forma la imagen del mundo de una persona es entre los tres o cuatro años y los ocho o nueve. Fíjese, el poeta más grande que ha dado Sevilla, don Antonio Machado, estuvo muy poco tiempo en Las Dueñas, se fue con siete u ocho años a Madrid, pero toda su obra va a seguir andando de memoria por la galería y los patios de este lugar. Lo que decían los románticos es cierto: el niño es el padre del hombre. Cuando se madura, ya lo único que hacemos es andar para atrás, como el cangrejo. Sólo registramos un pequeño avance cuando llegamos a viejos, porque empezamos a tener ya una memoria más larga. La gente mayor ya no vive tan pendiente de las preocupaciones diarias, y puede permitirse la memoria. Un niño, un viejo y un poeta son la misma cosa.


"LA IMAGEN DEL MUNDO SE FORJA EN LA NIÑEZ. LOS ROMÁNTICOS TENÍAN RAZÓN: EL NIÑO ES EL PADRE DEL HOMBRE"
-Hábleme más de Torredonjimeno.
-Es un pueblo de la campiña de Jaén que forma parte del triángulo donde, probablemente, se cultiva la mejor aceituna del mundo para hacer aceite: Martos, Porcuna y Torredonjimeno. Mi abuelo era veterinario y tenía unos olivares. Su casa era muy grande, porque tenía una almazara, corral, jardines... Aquello era un edén. No es lo mismo que un niño se levante, se ponga un chándal y se vaya a una guardería a compartir mocos, a que se levante y vea un pozo, un níspero y muchas dalias... Oír cantar a los pájaros y ver la luz del sol es impagable.
-Esa casa de la que habla desapareció, algo que ha marcado una parte de su obra.
-Sí, tras morir mi abuela, en el año 88. Fue entonces cuando comprendí que mi infancia había muerto, no sólo espiritualmente, sino carnalmente. Iba en el autobús al funeral y veía los olivares cargados de calor, uno detrás de otro, y eso hizo saltar una chispa, me convertí en un poeta que iba hacia el campo. Hasta entonces yo había sido un poeta, digamos, más vanguardista, pero cuando llegué a Torredonjimeno y vi a mi abuela, fui a la parte de arriba de la casa y escribí el primer poema del que fue mi segundo libro: Palabras de demora, en el que hay una colección de poemas dedicados a mi abuela. De no usarse, la casa se fue arruinando. La literatura sirve para poder andar una casa de memoria cuando ésta ya no existe o cuando ya no puedes entrar en ella, como es el caso de don Antonio Machado. En el fondo la poesía es un lugar donde la hermosura, la verdad y el bien no están separados, están juntos.
-¿Cuáles fueron sus primeras lecturas, sus primeros pasos hacia la poesía?
-Mi padre, que era un hombre sabio, muy sabio, se dio cuenta de una cosa, que cuando sonaba música clásica o flamenco en la radio, el menda lerenda iba corriendo a escucharla. Me mandó al Conservatorio de Granada cuando era adolescente, una época en la vida en la que las personas somos como Frankenstein, porque estamos compuestos de muchos retazos que todavía no se han ahormado, no sabemos quiénes somos. Lo sé bien porque me he pasado años dando clases a adolescentes. Yo sentía que el mundo se me derrumbaba... estudiaba solfeo pero no sabía que la música podía aligerar ese derrumbamiento, desconocía que era un lenguaje del alma. Sin embargo, en mis manos cayó un libro de Machado y me di cuenta de que esas palabras no eran las que había escuchado en la calle, ni en mi casa, ni en los libros del Instituto, porque esas palabras temblaban, era como si oyese a alguien que ya no existía y que me estuviese hablando al oído. Sentí esa sensación casi física de que alguien te está hablando. Entonces me di cuenta de que lo mío era la poesía, algo para lo que me ayudó mucho tener conocimientos musicales.
-¿Y Manuel Machado?
-No es para mí. Don Manuel era un hombre de la gran ciudad, de Madrid, jaranero... yo soy un hombre de campo y metido para adentro, tipo tristón.


-Antonio Machado le llevaría a muchos otros poetas...
-No se crea que a muchos más, porque una vez que lees a Machado... El segundo poeta fue Leopoldo Panero, al que ya casi nadie lee, pero fue un grandísimo poeta.
-Muy estigmatizado por su apoyo al Movimiento...
-Me da igual, ese poeta me emocionó, porque me daba las mismas palabras opacadas de emoción que don Antonio. De ahí llegué a Luis Rosales, que vivía a cien metros de mi casa, y también me marcó un camino, porque me hablaba de cosas que son de verdad, que no son retórica.
-¿Lo conoció?
-No en Granada. Lo conocí ya muy mayor cuando vino a Sevilla a una lectura poética.


"LA LITERATURA SIRVE PARA PODER ANDAR UNA CASA DE MEMORIA CUANDO ÉSTA YA NO EXISTE"
-También ha sido muy importante en su obra San Juan de la Cruz...
-Sí, pero primero fue Luis Cernuda. Cuando decidí que iba a empezar a escribir fue un fin de semana que estaba en casa de mi abuelo, sentado bajo el nisporero, oyendo un rumor de abejas, a las que le gustan mucho las flores de este árbol. Estaba leyendo a Cernuda y, de repente, me doy cuenta de que eso yo también lo puedo hacer. Decido que voy a ser poeta, porque era la única manera de ponerme en claro, de estar acompañado pero estar solo. La poesía es una especie de comparsa de personas que están solas, pero no están solas. Ya estudiando la carrera leí a San Juan de la Cruz y me di cuenta de que el padre de toda esta gente de la que estoy hablando, por increíble que parezca, es un fraile del siglo XVI. San Juan de la Cruz es un milagro, un Jano bifronte que está mirando al pasado -recoge la Edad Media y el Renacimiento- y se proyecta hasta el siglo XX y XXI, y sospecho que así seguirá mientras exista el castellano... Tiene una capacidad de expresar la experiencia de la intimidad del hombre de una forma que yo no he visto en nuestro idioma. El Cántico espiritual me lo sé de memoria, de cabo a rabo, y de atrás para delante.
-Dicen de usted que es lento escribiendo.
-Eso no es sólo un rasgo de mi literatura, sino de mi personalidad. Yo soy muy lento para todo. De hecho, en mi familia se llegaron a preguntar si tenía algún tipo de retraso. Soy así y ya está, y me temo que eso es un rasgo que han heredado algunos de mis hijos. De todas maneras, la literatura es una cosa lenta, porque trabaja con símbolos, y un símbolo es algo que tiene que ver con el hombre y la tierra, y eso tarda mucho en formarse. La poesía siempre ha sido de floración lenta, como un árbol. Muchos poetas jóvenes escriben hoy como con pantallazos, lo quieren todo y lo quieren rápido, a mí me generan un poco de estrés. Eso tiene mucho que ver con que se ha perdido todo contacto con la naturaleza. Se ha arrancado al hombre de las fuentes nutricias y ya no tiene noción de las estaciones, ha perdido la inteligencia simbólica y ya todo es la pura vertiginosidad del instante.
-¿Es usted un poeta católico?
-El poeta no debe tener adjetivos. El sujeto José Julio Cabanillas sí es católico practicante, algo que es normal que aflore cuando escribo. No creo en la poesía como instrumento de proselitismo. Cuando un hombre es poeta, al final, termina encontrándose con lo sagrado, aunque sea ateo.
-Como traductor ha trabajado con Chesterton y G. M. Hopkins, dos autores de la tradición inglesa católica. Empecemos por el primero. ¿Qué tiene Chesterton que tanto ha atraído a las últimas generaciones?
-Como dijo Borges, una página de Chesterton es un regalo y una alegría. Cuando lo leí por primera vez en la carrera me di cuenta de que era maravilloso: ese hombre estaba jugando, riéndose y gozando con el pensamiento. Era un pensamiento que brotaba de la alegría. El poeta triste y elegíaco que era Machado se me compensaba con Chesterton. Me encontré con alguien que te enseñaba a mirar el mundo con alegría, no como pérdida. Tengo un amigo que padece depresiones y le recomendé que leyese a Chesterton... Desde entonces, su mujer me está agradecida.
-Usted coordinó la traducción de 'Lepanto y otros poemas', editado por Renacimiento.
-Chesterton tiene dos registros, el más clásico y sublime, que es fácil de traducir; y el vulgar, para el que hay que ser un experto en lengua inglesa, como hay que ser un entendido en lengua española para traducir Luces de Bohemia, donde está todo el argot del Madrid de los años 20. Para esta segunda labor conté con Enrique García-Máiquez, que tiene unos poemas llenos de garbo, de vuelo airoso, manuelmachadiano. Después también se unieron Luis Alberto de Cuenca y Julio Martínez Mesanza. El libro salió muy bien. Es algo misterioso, porque los idiomas se fecundan como las palmeras, a distancia, y un idioma como el español, que tiene una tradición muy antigua, necesita también renovarse, y la mejor manera es traducir a los clásicos y a los contemporáneos valiosos, porque eso ensancha los límites del idioma, le obliga a decir cosas nuevas desde otra mentalidad.


"LA POESÍA ES DE FLORACIÓN LENTA, COMO UN ÁRBOL. MUCHOS POETAS JÓVENES LO QUIEREN TODO Y MUY RÁPIDO"
-El otro autor es G. M. Hopkins, un sacerdote jesuita de las segunda mitad del XIX.
-Hopkins es el poeta más extravagante y libre, junto con Shakespeare, que ha dado el idioma inglés. Quizás por eso ocupa un lugar tan excéntrico. Es muy difícil de entender, de traducir y, a veces, de asumir. Pertenecía a una familia bien inglesa y, por tanto, a la Iglesia anglicana. Sin embargo, en la universidad conoció al cardenal Newman, cuya influencia llegó a gente como Tolkien, C. S. Lewis, Waugh... Exigía mucha valentía, como la que tuvo Hopkins, para decirle a tu familia que te habías hecho católico, algo que producía incomprensión y te cerraba muchas puertas... Pero además se hizo jesuita, una orden que tiene un voto especial de obediencia al Papa, con lo cual la valentía rayaba el suicidio.
-Al menos en España es un autor muy poco conocido.
-Escribió muy poco, pero magistralmente. Estaba convencido de que la grandeza de Dios no estaba sólo en los espacios siderales, ni siquiera en la conciencia humana, sino en las criaturas más pequeñas. Era una especie de franciscano rarísimo. Se pasó toda su vida investigando las nervaduras de la hoja de un árbol y, dentro de esa nervadura, la textura, los colores y las vibraciones de la luz. Porque, el mundo microscópico puede ser más grande que el universo exterior, y puede reflejar la hermosura infinita de Dios. Sus poemas eran rarísimos y no se atenían a la métrica tradicional inglesa. Se componen de palabras que se van golpeando las unas a las otras, creando unos ritmos extrañísimos que traducidos al español son un disparate... a mí me costó muchísimo trabajo.
-¿Por qué se metió en esa tarea?
-Porque desde que era chico, al ser muy lento, era también muy minucioso en la observación. Soy como una especie de japonés que dedica muchas horas a fijar el detalle último. Cualquiera que lea mis poemas se da cuenta de que estoy influenciado por Hopkins.
-¿Cuáles son, a su entender, las líneas principales de su poesía?
-La infancia, y por lo tanto el campo andaluz; la pérdida de la infancia, y por tanto de la inocencia; e intentar reconstruir lo que se ha perdido pero sabiendo que el hombre es susceptible de, por muy canalla que sea, ser redimido, que puede ser perdonado y de perdonar.
-Una idea muy cristiana.
-Sí. Los hombres no somos capaces de perdonar porque no somos capaces de olvidar y, por lo tanto, el infierno sigue en pie. Pero hay quien dice que cuando Dios perdona, olvida y, por lo tanto la afrenta deja de existir. Si Dios olvida la historia comienza de nuevo.